Sean pacientes en las aflicciones

Sean pacientes en las aflicciones
Fritzner A. Joseph
Fritzner A. Joseph y su esposa, Gina.

Cuando me siento a reflexionar y pensar en los objetivos de la vida, hay un proverbio haitiano que siempre me viene a la mente: “Dèyè mòn, toujou gen mòn”, que significa, “Hay montañas más allá de las montañas”.

Desde que era un niño pequeño, he oído a la gente repetir este proverbio. Pero no fue hasta que comencé a tener experiencias con el Evangelio restaurado, que comencé a comprender plenamente lo que significaba ese proverbio.

El Evangelio restaurado enseña que nuestro Padre Celestial nos envió a esta tierra con un plan bien establecido. El Señor declaró: ' y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare.' (1)

Vivimos en tiempos difíciles, puede que nos sintamos desanimados o solos, sin fuerzas para seguir adelante. Para llevar las cargas y enfrentar todos los desafíos que se nos plantean, tendremos que hacer mayores esfuerzos para mirar avanzar con fe. Tendremos que confiar siempre en nuestro Padre Celestial.

The Agony in the Garden, by Frans Schwartz
La agonía en el huerto, de Frans Schwartz

Nuestro Salvador Jesucristo es nuestro mayor ejemplo. El describió lo que soportó de esta manera: 'que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor...' (2)

Cuando se enfrentó a la realidad de Getsemaní, clamó a Su Padre Celestial: 'Diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.' (3) El Padre Celestial escuchó su súplica y le envió 'un ángel del cielo para fortalecerle.' (4) Aun con el apoyo del ángel, Su sufrimiento continuó. Las Escrituras registran: ' Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían a tierra'. (5)

Así como Jesucristo clamó a Su Padre en Su sufrimiento, en nuestros tiempos de dolor, angustia o sufrimiento, nosotros tampoco debemos dejar de orar nunca. Nuestro Padre Celestial nos ha dado el don de la oración para mantenernos bien conectados con El.

No tengo idea de las dificultades por las que están pasando en este momento; No sé qué desafíos o aflicciones están viviendo. Sus pruebas pueden ser personales o familiares. Sin embargo, sé y puedo testificar que nuestro Padre Celestial los ama y nunca los abandonará. El ama a todos Sus hijos como un tierno padre y ha prometido: 'Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá.' [nota al pie de página: Doctrina y Convenios 88:63]

Cuando el profeta José Smith estaba en medio de sus grandes desafíos, el Salvador le dijo: ' todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien.' (6)

El Señor continuó: ' Sé paciente en las aflicciones, porque tendrás muchas.' (7) Más adelante el Salvador añadió: ' Por tanto, persevera en tu camino… no temas, pues, lo que pueda hacer el hombre, porque Dios estará contigo para siempre jamás.' (8) Sólo tenemos que aferrarnos firmemente, creer y no tener miedo. El Señor nos prometió: conocimiento sobre conocimiento, a fin de que [conozcamos] los misterios y las cosas apacibles – aquello que trae gozo, aquello que trae la vida eterna.' (9) De manera similar, el presidente Nelson declaró: 'en tiempos de profunda aflicción, como cuando una enfermedad alcanza proporciones pandémicas, lo más natural que hacemos es recurrir a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo – el Maestro Sanador – suplicando que manifiesten Su maravilloso poder para bendecir a los habitantes de la tierra.” (10)

En tiempos difíciles, no hay armas más fuertes que la oración.

Personalmente, he tenido muchos días de aflicción que me han llevado a llorar. Por ejemplo, el 5 de febrero de 1975, mi padre murió repentinamente. Estaba lleno de tristeza. Pero eso no fue todo, el 14 de abril del mismo año, mi madre pasó al otro lado del velo también. En ese momento, yo también quería morir. Me sentí abandonado. Se sentía como si el mundo entero hubiera caído encima de mí. Lo único que me daba gozo eran las veces que jugaba al fútbol, pero esto sólo me aliviaba momentáneamente de mi dolor.

Sin embargo, todo cambió en noviembre de 1978, después de recibir una invitación para aprender sobre la iglesia de parte del hermano Frederic Templeman, un canadiense que entonces vivía en Haití. Era la primera vez que oía hablar del Evangelio restaurado. Me conmovió profundamente, y después de seis meses de estudio, el 25 de mayo de 1979 me bauticé. Ese momento cambió toda mi vida. Fue la primera vez que sentí un gozo y una paz que sólo el evangelio de Jesucristo puede proporcionar.

Templo de Puerto Príncipe, Haití
Templo de Puerto Príncipe, Haití

Una querida hermana ha compartido una experiencia similar conmigo. La adversidad no es ajena a la hermana Julie Micienne Etello. El 12 de enero de 2010, perdió a sus dos hijas y tres nietos durante el terremoto de Haití. Me habló del dolor que tiene y sigue sintiendo. Cuando le pregunté cómo se mantenía, su rápida respuesta fue: 'Oraciones y el templo'.

Ella continuó: 'Cuando estoy en el templo, siento paz y siento gran gozo cuando participo en todas las ordenanzas del templo. Es una gran bendición cuando podemos sentir la presencia de nuestro Padre Celestial al enfrentamos a las tribulaciones'.

No hay duda de que vivimos en un momento de gran prueba, enfermedad, problemas sociales y económicos. Pero también es una época en la que el Señor ha reservado muchas oportunidades y bendiciones para aquellos que permanecen fieles a sus convenios. Aquí está Su promesa: 'bienaventurado es… el que es fiel en la tribulación [, este] tendrá mayor galardón en el reino de los cielos.' (11)

Es mi oración, que continuemos en la fe para reclamar nuestra recompensa.


[1] Abraham 3:25

[2] Doctrina y Convenios 19:18

[3] Lucas 22:42

[4] Lucas 22:43

[5] Lucas 22:44

[6] Doctrina y Convenios 122: 7

[7] Doctrina y Convenios 24:8

[8] Doctrina y Convenios 122: 9

[9] Doctrina y Convenios 42:61

[10] presidente Russell M. Nelson: ' Abrir los cielos para recibir ayuda'. Liahona de mayo de 2020

[11] Doctrina y Convenios 58: 2