Amar a Dios con todo nuestro corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos

Jesus pool of bethesda Derechos de autor: Nicolas Hansen
Elder Tomás G. Román
Élder Tomas G. Román

Compartir el Evangelio restaurado con nuestros vecinos

Mi familia y yo nos mudamos a un nuevo complejo de apartamentos hace aproximadamente un año y medio. Lo primero que hicimos fue reunirnos con nuestros vecinos y hacerles saber que nos encantaría conocerlos y ayudarles cuando sea necesario. Queríamos que supieran que nos encanta servir a quienes nos rodean.

Mi familia y yo sabemos que el mejor ejemplo de ser discípulo de Jesucristo es guardar Sus mandamientos y servir. En las Escrituras Jesús dijo: 'Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.' (Mateo 22:37-40; véase también Gálatas 5:14).

Sabíamos que nuestros nuevos vecinos probablemente no se pondrían en contacto con nosotros, así que decidimos tomar la iniciativa de conocerlos y comenzar una amistad. Sabíamos que era nuestra responsabilidad como discípulos de Jesucristo. 

Los domingos nos veían salir de nuestra casa para ir juntos a la iglesia como familia. En las ocasiones en que tenía asignaciones como Setenta de Área fuera de Puerto Rico, veían a mi esposa e hijos yendo juntos a la iglesia. Nuestros vecinos aprendieron que iríamos constantemente a la iglesia todos los domingos. Más tarde, cuando nos preguntaron qué iglesia visitábamos, les dijimos que pertenecemos a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Aprovechamos la oportunidad para invitarles a una noche de hogar y pedimos a los misioneros de tiempo completo que compartieran el Evangelio restaurado. Les dimos un Libro de Mormón y les invitamos a leer y preguntarle a Dios si el libro contenía la verdad acerca de Dios y Su amor por Sus hijos. 

A pesar de que no han aceptado el mensaje de la restauración, saben que les apreciamos y queremos ser sus amigos.

Al cumplir con nuestra responsabilidad de compartir el Evangelio, estamos siguiendo el mandamiento de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Esto nos permite compartir el amor de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor. Si amamos a nuestros vecinos, debemos compartir el Evangelio con ellos. Es su decisión el aceptar el Evangelio restaurado o no. Sin embargo, como familia y como individuos, siempre debemos dar el ejemplo de ser discípulos de Jesucristo (véase Mosíah 18:9). Nuestro ejemplo es nuestro mayor testimonio de que seguimos las enseñanzas de Jesús y Sus mandamientos.

Hace unos meses, nuestros nuevos amigos nos preguntaron cómo alabamos a Dios durante la actual pandemia del COVID-19 sin ir a la iglesia. Les dijimos que tenemos un Profeta viviente que recibe revelación continua de Dios. Por medio de la revelación, hace aproximadamente dos años, la Iglesia implementó un enfoque de vivir, aprender y enseñar el Evangelio 'centrado en el hogar, apoyado por la Iglesia' para los miembros de todo el mundo. Esto nos ha ayudado a prepararnos para tiempos como estos en los que no podemos asistir a la Iglesia dentro de nuestras capillas. También explicamos que, con la autorización de mi obispo, como poseedor del sacerdocio puedo bendecir y participar de la Santa Cena con mi familia en casa el domingo. ¡Qué bendición pertenecer a la Iglesia restaurada!

Dios sabe todas las cosas y especialmente lo que hacemos para servir

El término prójimo incluye a los miembros de la familia, a las personas con las que trabajamos, nos divertimos o asociamos, a los miembros de la Iglesia e incluso a aquellos a quienes no les caemos bien. Si no amamos a todas estas personas, ¿podemos decir verdaderamente que amamos a Dios? El apóstol Juan declaró: ' Si alguno dice: Yo amo a Dios, pero aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.' (1 Juan 4:20-21). Por lo tanto, amar a Dios y amar a nuestro prójimo están inseparablemente conectados.

El Señor dice en Doctrina y Convenios 12:8: ' Y nadie puede ayudar en [la obra] a menos que sea humilde y lleno de amor, y tenga fe, esperanza y caridad, y sea moderado en todas las cosas, cualesquiera que le fueren confiadas'. En Gálatas 5:13 encontramos: 'Porque vosotros, hermanos, a libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros'. El diccionario define el amor incluyendo la 'preocupación desinteresada, leal y benévola por el bien de otro; un afecto basado en la admiración, la benevolencia o el interés común' ('Amor'. Diccionario Merriam-Webster.com, Merriam-Webster, https://www.merriam-webster.com/dictionary/love. Consultado el 12 de agosto de 2020).

Podemos amar a nuestro prójimo a través de actos de beneficencia de servicio. Estos no tienen que ser muy significativos para ser de valor. 

Ejemplos de amar a nuestro prójimo podrían ser el simple acto de velar por ellos, ayudarlos a completar un proyecto en el que están trabajando, compartir el Evangelio o invitarlos a la Iglesia. Durante la pandemia del COVID-19 podemos invitarlos a participar en una actividad virtual eclesiástica o un devocional. Otros ejemplos podrían ser ayudar a su madre y a su padre a limpiar la casa, podar el césped, sacar la basura, etc. Ellos sentirán el amor de Dios a través de su servicio incondicional.

Al prestar servicio, debemos recordar que no buscamos ningún reconocimiento, recompensa o pago. Nuestro servicio está entre Dios, nuestro prójimo y nosotros mismos. 'Para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público' (Mateo 6:4). No hay necesidad de decírselo a todo el mundo. Dios sabe todas las cosas buenas que haces, y Él le bendecirá por su servicio.

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El ejemplo perfecto de servicio

Jesucristo nos ha dado el ejemplo perfecto de servicio. Durante la vida preterrenal se ofreció a ser el Salvador y Redentor del mundo. Él ya era un Dios, el Hijo amado de nuestro Padre Celestial y, sin embargo, debido a Su amor por cada uno de nosotros, estuvo dispuesto a venir a la Tierra, a que se burlaran de Él, lo despreciaran y a sufrir de maneras inimaginables para proporcionarnos una 'expiación infinita' y ser ese 'gran y último sacrificio' que era necesario para que Él 'llevara la salvación a todos aquellos que creyesen en su nombre', rescatando así a los hombres de la muerte espiritual y física causada por la caída de Adán y sus propios pecados (véase Alma 34:13-15 y Guía de referencia de la Santa Biblia: 'Jesucristo, Expiación a través de').

Cuán agradecido estoy por Jesucristo y su sacrificio expiatorio. Estoy eternamente en deuda con El. Durante Su vida terrenal, vino a servir y no a ser servido. Todo lo que hizo fue al servicio de Sus prójimos (nosotros).

Después de su muerte y resurrección, estaba enseñando a un grupo de discípulos en las Américas y preguntó: '... ¿qué clase de hombres habéis de ser? Entonces, en el mismo aliento, dio esta respuesta: “… En verdad os digo, aun como yo soy' (3 Nefi 27:27). Si hemos de seguirle y seguir Sus pasos, debemos vivir según el modelo que el estableció. Por esa razón, es muy importante preguntarnos siempre: '¿Qué haría Jesús?'. Eso nos ayudará a ser más valientes y actuar según la respuesta. Siempre debemos estudiar las enseñanzas de nuestro maestro y dedicarnos a seguir Su ejemplo.

 

Debemos ser atentos y cautelosos de las trampas del adversario

Debemos tener cuidado de cómo tratamos a nuestro prójimo. Hay un relato en el Libro de Mormón que nos enseña una lección importante con respecto a este asunto. Después de la resurrección de Jesucristo en Jerusalén, Este se apareció a los nefitas en las Américas. Después de enseñarles acerca del bautismo, advirtió contra la ira y la contención diciendo: '... Y no habrá disputas entre vosotros... Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos con otros' (3 Nefi 11:22, 29). De este pasaje de las Escrituras aprendemos que tener malos sentimientos, disputas o contenciones con alguien nos saca del camino del convenio que conduce a Dios y nos lleva hacia Satanás, que es nuestro adversario común. Si se encuentran en esa situación, les exhorto a arrepentirse y a seguir a Cristo, porque es en esta vida que debemos arrepentirnos de nuestros pecados (véase D. y C. 42:28; Alma 34:33-35).     

Sé que nadie puede entrar en el Reino de Dios a menos que posean el amor puro de Cristo, porque como Él dijo, ' En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros' (Juan 13:35). Testifico de la divinidad de Jesucristo y de la realidad de Su misión de llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. Él nos ama incondicionalmente.